Hace dos días el resto de loe becados y yo, comenzamos la aventura de nuestras vidas, aunque de la forma más amarga, con la peor de las despedidas, la de nuestras familias.
Un adiós que duele en lo más profundo de tu alma, un adiós que destroza, un adiós que aunque sean "sólo 10 meses" parece que son años y años.
Después de la despedida en la que no pude evitar derrumbarme, como ya había hecho tantas veces en la semana anterior, cruzamos el control del aeropuerto de Alvedro, A Coruña, con rumbo a Madrid.
Una vez allí nos reunimos con el resto de los becados que venían de Vigo, como Ana, Lucía, Irea... y tras pasar controles, comer y volver a pasar más controles, pudimos embarcar, esta vez si, al avión que nos llevaría a cruzar el gran charco.
Un adiós que duele en lo más profundo de tu alma, un adiós que destroza, un adiós que aunque sean "sólo 10 meses" parece que son años y años.
Después de la despedida en la que no pude evitar derrumbarme, como ya había hecho tantas veces en la semana anterior, cruzamos el control del aeropuerto de Alvedro, A Coruña, con rumbo a Madrid.
Una vez allí nos reunimos con el resto de los becados que venían de Vigo, como Ana, Lucía, Irea... y tras pasar controles, comer y volver a pasar más controles, pudimos embarcar, esta vez si, al avión que nos llevaría a cruzar el gran charco.

